sábado, 3 de noviembre de 2012

TEXTOS DE LA EDAD MEDIA

 JARCHAS
1)
¿Qué faré, mama?                                                        ¿Qué ahré, madre?
Meu al habib est ad jana!                                           ¡Mi amado está en la puerta!

2)
Gardi vos, ¡ay yermanellas!,                                     Decidme, ¡ay hermanitas!,
¿cóm’ contenir el mio male?                                    ¿cómo contener mi mal?
Sin el habib non vivreyo:                                           Sin el amado no viviré:
¿ad ob l’irey demandare?                                          ¿adónde iré a buscarlo?

3)
Al-sabh bono,                                                                 Alba hermosa,
Garme d’on venis                                                          dime de dónde vienes.
Ya lo sé que otri amas,                                                Ya sé que amas a otra
A mibi non queris.                                                        Y a mí no me queréis.


VILLANCICOS
1)
Que no cogeré yo verbena
la mañana de San Juan,
pues mis amores se van.

Que no cogeré yo claveles,
madreselvas ni mirabeles,
sino penas tan crueles
cual jamás se cogerán,
pues mis amores se van.

2)
El amor ha tales mañas
que quien no se guarda dellas,
si se lentra en las entrañas,
no puede salir sin ellas.
El amor es un gusano
bien mirada su figura,
es un cáncer de natura
que come todo lo sano.
Por sus burlas, por sus sañas,
dél se dan tales querellas
que si sentra en las entrañas,
no puede salir sin ellas.


CANTIGAS DE AMIGO
1)
-Digades, filha, miía filha velida:
porque tardastes na fontana fría?
     -Os amores el.
-Digades, filha, minha filha louçana:
porque tardaste na fría fontana?
     -Os amores ei.
-Tardei, mia madre, na fontana  fría,
cervos do monte a augua volvían.
    -Os amores ei.
-Tardei, mia madre, na fría fontana:
cervos do monte volvían a augua.
   -Os amores ei.
-Mentir, mia filha, mentir por amigo:
Nunca vi cervo que volvess´ o rio.
   -Os amores ei.
-Mentir, mina filha, mentir por amado:
Nunca vi cervo que volvess´o alto.
      -Os amores ei.

Dime, hija, hija mía hermosa, / ¿por qué tardaste en la fuente fría? /       Amores tengo. / Dime, hija, hija mía lozana, / ¿por qué tardaste en la fría fuente? /     Amores tengo. / Tarde, madre, en la fría fuente: / los ciervos del monte revolvían el agua. /      Amores tengo. / Mientes, hija mía, mientes por el amigo; / nunca vi que un ciervo revolviese el río. /     Amores tengo. / Mientes, hija mía, mientes por el amado: / nunca vi que un ciervo revolviese el río. / /     Amores tengo.


POEMA DE MIO CID
1)
Ya todos muy bien armados salen por Torres de Cuarto*;                 Torres de Quart (en Valencia)
Mío Cid a sus vasallos bien los iba aleccionando.
Hombres de gran confianza en las puertas se dejaron,
monta entonces Mío Cid en Babieca, su caballo,
que de todas guarniciones iba muy bien preparado. [...]
y plúgole* al Creador que pudiera derrotarlos.                                                                                             Le agradó
El Cid hiere con la lanza, luego a la espada echa mano,
a tantos moros mató que no pueden ser contados,
le va por el codo abajo mucha sangre chorreando.
Al rey Yusuf de Marruecos tres golpes le ha descargado,
pero el moro se le escapa a todo andar del caballo
y se le mete en Cullera, castillo muy bien armado;
hasta allí le sigue el Cid por ver si puede alcanzarlo,
con otros que le acompañan de aquellos buenos vasallos.
Desde Cullera se vuelve Mío Cid el bienhadado,
muy alegre del botín tan grande que han capturado.
Ve cuánto vale Babieca, de la cabeza hasta el rabo.

2)
Allí piensan marchar, allí sueltan las riendas.
A la salida de Vivar, tuvieron la corneja* diestra*                                                         ave / derecha
Y entrando en Burgos, tuvieron la siniestra*.                                                                  izquierda
Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza.
“¡Albicriacias*, Alvar Fañez, pues somos expulsados de nuestra tierra!
Pero con gran honra volveremos a Castilla”.                                                                 * Albricias: expresión de júbilo

3)
Al abad don Sancho vuelve de nuevo a recomendar
que atienda a doña Jimena y a las damas que allí están,
a las dos hijas del Cid que en San Pedro han de quedar;
sepa el abad que por ello buen premio recibirá.
Ya don Sancho se volvía, Álvar Fáñez le fue a hablar:
"Si veis venir a más gente para buscarnos, abad,
les diréis que el rastro sigan y marchen a buen andar,
sea en yermo o en poblado ya nos podrán alcanzar".
Sueltan entonces las riendas, empiezan a cabalgar,
que el plazo para salir iba acabándose ya.
Mio Cid aquella noche duerme en Espinaz de Can;
de todas partes guerreros se le vienen a juntar.
Otro día de mañana empiezan a cabalgar.
De su tierra va saliendo el Campeador leal,
San Esteban deja a un lado, aquella buena ciudad.
Por Alcubilla pasó, Castila se acaba ya.

4)
Nuestro Cid Rodrigo Díaz   en Burgos con su gente entró.
Es la compaña que lleva, de sesenta, con pendón.
Por ver al Cid y a los suyos, todo el mundo se asomó.
Toda la gente de Burgos   a las ventanas salió,
con lágrimas en los ojos, tan fuerte era su dolor.
Todos diciendo lo mismo, en su boca una razón:
—¡Dios, qué buen vasallo el Cid!   ¡Así hubiese buen señor!
Aunque de grado lo harían, a convidarlo no osaban.
El rey don Alfonso, saben, ¡le tenía tan gran saña!
Antes que fuese la noche   en Burgos entró su carta.
con órdenes muy severas, y muy requetebién sellada;
mandaba en ella que al Cid   nadie le diese posada,
y aquel que a tal se atreviese, supiese, por su palabra,
que perdería lo suyo   y aun los ojos de la cara,
y además de cuanto digo, con la muerte amenazaba. [...]
Allí las gentes del Cid   con voces muy altas llaman.
Los de dentro, que las oyen, no respondían palabra.
Aguijó el Cid su caballo   y la puerta se llegaba;
del estribo sacó el pie, y con fuerte golpe llama.
No se abre la puerta, no, pues estaba bien cerrada.
Nueve años tiene la niña, que ante sus ojos se planta:
—¡Campeador, en buena hora, que habéis ceñido la espada!
Orden del Rey lo prohíbe. Anoche llegó su carta,
con prevenciones muy grandes, y venía muy sellada.
A abriros nadie osaría, nadie os acoge, por nada.

5)
«Ay, mi señor,   barba tan cumplida,
«aquí estamos ante vos   yo y vuestras hijas,
«(muy niñas son   y de pocos días),
«con estas mis damas   de quien soy yo servida.
«Ya lo veo   que estáis de partida,
«y nosotras y vos   nos separamos en vida.
«¡Dadnos consejo,   por amor de Santa María!»
Alargó las manos   el de la barba bellida,
a las sus hijas   en brazos las cogía,
acercólas al corazón   que mucho las quería.
Llora de los ojos,   muy fuertemente suspira:
« Ay, doña Jimena,   mi mujer muy querida,
«como a mi propia alma   así tanto os quería.
«Ya lo veis   que nos separan en vida,
«yo parto y vos   quedáis sin mi compañía.
«Quiera Dios   y Santa María,
«que aún con mis manos   case estas mis hijas,
«y vos, mujer honrada,   de mí seáis servida».

6)
De los sus ojos tan fuertemente llorando,
volvía la cabeza, se las quedaba mirando:
vio puertas abiertas, postigos sin candados,
y las perchas vacías, sin pieles y sin mantos,
o sin halcones, o sin azores mudados.
Suspiró mio Cid, que se sentía muy preocupado;
habló mio Cid, bien y muy mesurado:
"grancias doy, señor padre, que estás en lo alto,
esto me han urdido mis enemigos malos."
Allí empiezan a aguijar, allí sueltan las riendas.
A la salida de Vivar tuvieron la corneja diestra,
al entrar en Burgos tuviéronla a la izquierda.
Se encogió el Cid de hombros, levantó la cabeza:
albricia, Alvar Fáñez, pues se nos echa de la tierra,
mas con gran honra retornaremos a ella.


AUTO DE LOS REYES MAGOS
1)
GASPAR (A Baltasar.)
Dios os guarde, señor, ¿sois acaso estrellero? (Gaspar asiente.)
Decidme la verdad; de vos saberla quiero.
¿No veis qué maravilla?
¡Un astro nuevo brilla!

BALTASAR
Sí, que ha nacido el Creador,
que de las gentes es señor.
Iré y lo adoraré.

GASPAR
¡Y yo también le rogaré!

MELCHOR (Que se encuentra con Baltasar y Gaspar.)
Señores, ¿a qué tierra, adónde intentáis llegar?
¿Queréis al Creador conmigo ir a rogar?
¿Acaso lo habéis visto ? Yo lo voy a adorar.

GASPAR
Nosotros también vamos; queríamoslo hallar.
Sigamos esa estrella; nos guiará al lugar.

MELCHOR
¿Cómo probar podremos si es un hombre mortal,
o si es rey de la tierra, o si es celestial?

BALTASAR
¿Deseáis saber cómo esto lo sabremos?
Oro, mirra e incienso a él ofreceremos.
Si fuere de la tierra rey, el oro querrá;
si fuere hombre mortal, la mirra tomará;
y si rey celestial, de esto se dejará;
elegirá el incienso, que digno de él será.


MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA
1)
Amigos y vasallos de Dios omnipotente,
si escucharme quisierais de grado atentamente
yo os querría contar un suceso excelente:
al cabo lo veréis tal, verdaderamente.
yo, el maestro Gonzalo de Berceo hoy llamado,
yendo en romería acaecí en un prado
verde, y bien sencillo, de flores bien poblado,
lugar apetecible para el hombre cansado.
Daban color soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.
Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas,
y muchas otras frutas de diversas monedas,
pero no las había ni podridas ni acedas.
La verdura del prado, el olor de las flores,
las sombras de los árboles de templados sabores
refrescáronme todo, y perdí los sudores:
podría vivir el hombre con aquellos olores.
Nunca encontré en el siglo lugar tan deleitoso,
ni sombra tan templada, ni un olor tan sabroso.
Me quite mi ropilla para estar más vicioso
y me tendí a la sombra de un árbol hermoso.
A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,
y oí sones de aves dulces y modulados:
nunca oyó ningún hombre órganos más templados
ni que formar pudiesen sones más acordados.
El prado que yo os digo tenía otra bondad:
por calor ni por frío perdía su beldad,
estaba siempre verde toda su integridad,
no ajaba su verdura ninguna tempestad. […]
Igual al paraíso me parece que este prado,
por Dios con tanta gracia y bendición sembrado:
el que creó tal cosa fue maestro avisado;
no perderá su vida quien haya allí morado.
El fruto de los árboles era dulce y sabrido,
si Don Adán hubiese de tal fruto comido
de tan mala manera no fuera decebido
ni tomaran tal daño Eva ni su marido. […]
En esta romería tenemos un buen prado
en que encuentra refugio el romero cansado:
es la Virgen Gloriosa, madre del buen criado
del cual otro ninguno igual no fue encontrado.
Este prado fue siempre verde en honestidad,
porque nunca hubo mácula en su virginidad;
post partum et in partu fue Virgen de verdad,
ilesa e incorrupta toda su integridad.
Las cuatro fuentes claras que del prado manaban
nuestros cuatro evangelios eso significaban:
que los evangelistas, los que los redactaban,
cuando los escribían con la Virgen hablaban.
Cuando escribían ellos, ella se lo enmendaba;
sólo era bien firme lo que ella alababa:
parece que este riego todo de ella manaba,
cuando sin ella nada a cabo se llevaba.
La sombra de los árboles, buena, dulce y sanía,
donde encuentra refugio toda la romería,
muestra las oraciones que hace Santa María,
que por los pecadores ruega noche y día. […]
Los árboles que hacen sombra dulce y donosa
son los santos milagros que hace la Gloriosa,
que son mucho más dulce que la azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita rabiosa.

2)
El labrador avaro
        Érase en una tierra un hombre labrador
         que usaba de la reja más que de otra labor;
         más amaba la tierra que no su Criador,
         y de muchas maneras era revolvedor.

5     Hacía una enemiga bien sucia de verdad:
     cambiaba los mojones por ganar heredad;
     hacía en todas formas tuertos y falsedad,
     tenía mal testimonio  entre su vecindad.

         Aunque malo, quería  bien a Santa María,
10  oía sus milagros  muy bien los acogía;
      saludábala siempre, decíale cada día:
     " Ave gratia plena  que pariste al Mesías."

         Finó el arrastrapajas  de tierras bien cargado,
         de los diablos fue luego  en soga cautivado;
15     lo arrastraban con cuerdas, de coces bien sobado,
         le pechaban al doble  el pan que dio mudado.

         Doliéronse los ángeles  de esta alma mezquina
         por cuanto la llevaban  los diablos en rapina;
         quisieron acorrerla,  ganarla por vecina,
20     mas para hacer tal pasta  menguábales harina.

         Si les decían los ángeles  de bien una razón,
         ciento decían los otros  malas, que buenas non;
         los malos a los buenos  tenían en un rincón,
         la alma por sus pecados  no salía de prisión.
25     Levantándose, un ángel  dijo: "Yo soy testigo,
         verdad es, no mentira,  esto que ahora os digo:
         el cuerpo que traía  esta alma conmigo
         fue de Santa María  buen vasallo y amigo.

         Siempre la mencionaba  al yantar y a la cena,
30     decíale tres palabras:  Ave, gratia plena.
         boca por que salía  tan santa cantilena
         no merecía yacer  en tan mala cadena."
         Luego que este nombre  de la Santa Reina
         oyeron los demonios,  salieron tan aína,
35     derramáronse todos  como una neblina,
         desampararon todos  a esa alma mezquina.

         Los ángeles la vieron  quedar desamparada,
         de manos y de pies  con sogas bien atada,
         estaba como oveja cuando yace enzarzada:
40     fueron y la llevaron junto con su majada.

         Nombre tan adornado, lleno de virtud tanta,
         y que a los enemigos los seguda y espanta,
         no nos debe doler ni lengua ni garganta,
         que no digamos todos: "Salve, Regina sancta".


LIBRO DE BUEN AMOR
1)
Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.
Aun al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor.
Si tuvieres dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.
Yo vi en corte de Roma, do está la Santidad,
que todos al dinero tratan con humildad,
con grandes reverencias, con gran solemnidad;
todos a él se humillan como a la Majestad.
Creaba los priores, los obispos, abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
a los clérigos necios dábales dignidades,
de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.
Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les daba por bien examinados:
a los pobres decían que no eran ilustrados.
Ganaba los juicios, daba mala sentencia,
es del mal abogado segura mantenencia,        
con tener malos pleitos y hacer mala avenencia:
al fin, con los dineros se borra penitencia.
E1 dinero quebranta las prisiones dañosas,
rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;
al que no da dinero le ponen las esposas.
¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!

2)
«Señora doña Venus, muger de don Amor,
»noble dueña, omíllome yo, vuestro servidor
»de todas cosas sodes vos el amor señor:
»todos vos obedesçen como a su fasedor.
586 »Reyes, duques e condes e toda criatura
»vos temen e vos sirven como a vuestra fechura,
»complit los míos deseos et datme dicha e ventura,
»non me seades escasa, nin esquiva, nin dura.
587 »Non vos pidré grant cosa para vos me la dar,
»pero a mí cuitado es me grave de far:
»sin vos yo non la puedo començar nin acabar:
»yo seré bien andante por lo vos otorgar.
588 »Só ferido e llagado, de un dardo só perdido,
»en el coraçón lo traye ençerrado et ascondido,
»non oso mostrar la laga, matarme a si la olvido,
»et aun desir non oso el nombre de quien me ha ferido.
589 »La llaga non se me dexa a mí catar nin ver,
»onde mayores peligros espera que an de ser:
»reçelo que mayores dapnos me podrán recreçer
»físico nin melesina non me puede pro tener. 4
590 »¿Quál carrera tomaré que me non vaya matar?
»¡Cuytado yo me faré que non la puedo catar!
»Derecha es mi querella, raçón me fase acuytar,
»pues que non fallo nin qué me pueda prestar.

3)
    Toma vieja que tenga oficio de herbolera
que va de casa en casa sirviendo de partera
con polvos, con afeites y con su alcoholera
 mal de ojo hará a la moza, causará su ceguera.
    Procura mensajera de esas negras pacatas
que tratan mucho a frailes, a monjas y beatas,
son grandes andariegas, merecen sus zapatas:
esas trotaconventos hacen muchas contratas.
    Donde están tales viejas todo se ha de alegrar,
pocas mujeres pueden a su mano escapar;
para que no te mientan las debes halagar
pues tal encanto usan que  saben engañar.
    De todas esas viejas escoge la mejor,
dile que no te mienta, trátala con amor,
que hasta la mala bestia vende el buen corredor
y mucha mala ropa cubre el buen cobertor.


COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
Copla I
Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte              5
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,             10
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Copla III
Nuestras vidas son los ríos        25
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                          30
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos          35
y los ricos.

Copla V
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada          50
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,             55
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.   

Copla VI
Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél                  65
que atendemos.
Aun aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,               70
y a vivir en este suelo
do murió.

Copla XVII
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?                          195
¿Qué se hicieron las llamas         
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas                200
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Copla XXV
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa                  410
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis,
(aunque esta vida de honor           415
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.


ROMANCES
1)
Romance del conde Arnaldos
Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de san Juan
yendo a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar
las velas trae de seda
jarcias de oro torzal
áncoras tiene de plata
tablas de fino coral
marinero que la guía
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma
los vientos hace amainar
las aves que van volando
al mástil vienen posar
los peces que andan al fondo
arriba los hace andar.
Allí habló el infante Arnaldos
bien oiréis lo que dirá
"Por tu vida el marinero
dígasme ahora ese cantar"
Respondiole el marinero
tal respuesta le fue a dar
"Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va".

2)
ROMANCE DE ABENÁMAR
— ¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

3)
Romance del enamorado y la muerte
Un sueño soñaba anoche,
Soñito del alma mía,
Soñaba con mis amores
Que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
Muy más que la nieve fría.
- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
Ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
Más de prisa se vestía;
Ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- ¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio
Mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a tí, vida sería.
- Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
La Muerte que allí venía:
- Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.


LA CELESTINA
1)
ALISA.-    (Desde el interior de la casa.)  ¿Con quién hablas, Lucrecia?
LUCRECIA.-   Con la vieja de la cuchillada que vivía junto a las tenerías, la que perfuma tocas y hace solimanes y tiene como treinta   -22-   oficios más. Conoce mucho de hierbas, cura niños y algunos le llaman la vieja lapidaria.
ALISA.-   Dime su nombre, si lo sabes.
LUCRECIA.-   Me da vergüenza.
ALISA.-   Anda, boba, dilo.
LUCRECIA.-   Celestina, hablando con reverencia, es su nombre.
ALISA.-   Ya me acuerdo de ella. ¡Buena pieza! Algo me vendrá a pedir. Dile que entre.
CELESTINA.-    (Entrando.)  Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con tu noble hija. Mis achaques me han impedido visitar tu casa, mas Dios conoce mis limpias entrañas y el afecto que te tengo. Con la fortuna adversa me ha sobrevenido una mengua de dinero y, como no conozco mejor remedio que vender un poco de hilado, me he acercado a tu casa porque he sabido por tu criada que tienes alguna necesidad de ello.

2)
CALISTO.-   En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
MELIBEA.-   ¿En qué Calisto?
CALISTO.-   En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase y en hacerme el favor de verte en un lugar tan conveniente para descubrirte mi secreto dolor. No creo que exista mayor recompensa al servicio, sacrificio, devoción y obras pías que, por alcanzarla, tengo yo a Dios ofrecidos. ¿Quién ha visto en esta vida cuerpo tan feliz como está ahora el mío? Los benditos santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan lo que yo gozo en tu acatamiento. Mas en esto diferimos, por desgracia, que ellos no temen perder su bienaventuranza y yo me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia ha de causarme.
MELIBEA.-   Pues un galardón aún mayor te he de dar, si perseveras.
CALISTO.-   ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!
MELIBEA.-   Desventuradas serán cuando acabes de oírme, porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento. El intento de tus palabras, Calisto, ha sido de hombre que pretende salir para perderse en la virtud de una mujer como yo. ¡Vete, vete de ahí, torpe, que no puede mi paciencia tolerar que haya subido a un corazón humano el intento de alcanzar en mí el deleite del amor ilícito!
CALISTO.-   Iré como aquel a quien la adversa fortuna atormenta con odio cruel.


SERRANILLA DEL MARQUÉS DE SANTILLANA
       Serranilla II
En toda la su montaña
de Trasmoz a Veratón
no vi tal gentil serrana.
Partiendo de Conejares,
allá suso en la montaña,
cerca de la Travesaña,
camino de Trasovares,
encontré moza lozana
poco más acá de Añón
riberas de una fontana.
Traía saya apretada,
muy bien hecha en la cintura;
a guisa de Extremadura
cinta, y collera labrada.
Dije: «Dios te salve, hermana;
aunque vengas de Aragón,
desta serás castellana.»
Respondióme: «Caballero,
no penséis que me tenéis,
ca primero probaréis
este mi dardo pedrero;
ca después desta semana
hago bodas con Antón,
vaquerizo de Morana.»

  

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