sábado, 23 de enero de 2016

VALORACIÓN PERSONAL DEL TEXTO "ESPAÑA SE PARARÍA SIN INMIGRANTES"

VALORACIÓN PERSONAL DEL TEXTO "ESPAÑA SE PARARÍA SIN INMIGRANTES"


Sin inmigrantes, España se pararía. Muchos padres deberían reducir su jornada o renunciar al trabajo para criar a la prole. O para atender a sus ancianos. Además, deberían incluir en su jornada laboral la limpieza del centro de trabajo. La fresa se pudriría en Huelva y el tomate en Almería sin manos que los recogieran. En el súper, nos serviríamos directamente del almacén, a falta de reponedores en las estanterías. Adiós al boom inmobiliario, esta vez de verdad, por falta de mano de obra. Ni mencionar la pequeña reforma de casa. Imposible subir una bombona de butano a un tercero sin ascensor. En los bares, ni tostada “de manteca colorá”, ni café. Muchos tendrían que cerrar. Los ingresos de la Seguridad Social temblarían con ese español y medio que aportamos al mundo productivo cada pareja “de las de aquí de toda la vida”... Y así podríamos ir citando, una tras otra, las parcelas en las que marroquís, ecuatorianos, rumanos, bolivianos se han vuelto  imprescindibles.

La convivencia con los inmigrantes que han llegado a España buscando los empleos que nosotros no queremos o no podemos desempeñar nos ha aportado, además, otras cosas: palabras, colores, sabores, músicas, experiencias nuevas y sorprendentes. Conviene no olvidar nada de esto ahora que, en el fragor de la campaña electoral, solo hablamos de la inmigración como problema. Conviene recordarlo cuando conozcamos a alguien que tiene una empleada a la que no le paga la Seguridad Social o contrata una reformilla sin factura para su cuarto de  baño o alquila a precios astronómicos una vivienda a familia por habitación. Conviene recordar esos pisos atestados de gente cuando nos preguntemos por qué los inmigrantes invaden los parques los domingos.

La inmigración plantea desafíos. La convivencia los plantea siempre. Mucho más cuando se ponen en común universos lejanos, que estimulan el miedo atávico al diferente. Sobre todo cuando se otean dificultades y los más frágiles económicamente se disputan los servicios. Cerrar los ojos a esta realidad es un error, pero arreglarlo solo con mano dura es imposible.


Pepa Bueno, El Periódico, 14-02-2008

(Respuesta encontrada en Internet)

RECORDAD QUE EN ESTA PREGUNTA HAY QUE VALORAR LAS IDEAS DEL AUTOR, OPINAR SOBRE EL TEMA PROPUESTO Y RELACIONAR EL CONTENIDO CON VUESTRA ENCICLOPEDIA PERSONAL. NO OLVIDÉIS APORTAR IDEAS QUE NO ESTÉN PRESENTES EN EL TEXTO. AQUÍ TENÉIS UNA POSIBLE RESPUESTA.

El tema de la inmigración sigue siendo actual, vigente y oportuno. Sin embargo, según el contexto en el que se encuentra el lector cuando interpreta el artículo, habría que matizar dicha vigencia. Y es que la agudización de la crisis económica durante el 2012 ha obligado a los inmigrantes a regresar a sus países de origen, con lo que los puestos de trabajo que antes eran desempeñados por ellos ahora son desempeñados por los propios nacionales. Es más: la precaria situación económica ha provocado que muchos jóvenes —sobradamente preparados con títulos, másteres e idiomas— se planteen emigrar, angustiados por las escasas salidas laborales en su propio país. Todo ello constituye un verdadero drama, dado que la emigración siempre es una experiencia traumática debido a la pérdida que supone abandonar a la familia así como todo el ambiente socio-cultural en el que se vivía. Del texto, resaltaríamos ese tono jocoso y distanciado con el que se pretende paliar el dramatismo que conlleva la realidad de la inmigración (“de manteca colorá”, “de las de aquí de toda la vida”, “contrata una reformilla sin factura”). Además, destacaríamos dos aspectos: la proximidad y claridad de los ejemplos extraídos de la cotidianidad más conocida por el lector —lo cual suscita el interés de este— y su capacidad de orientar la opinión del receptor y de regular su conducta, especialmente si se considera que el mensaje va dirigido a aquellas personas con responsabilidad política.
Por otra parte, comparto el planteamiento de la autora, sobre todo cuando afirma que la convivencia con los inmigrantes nos aporta un rico intercambio de experiencias. Pero quisiera introducir un aspecto obviado por la expresentadora del Telediario: la importancia que debemos conceder a la educación de las nuevas generaciones. Solo así el mestizaje cultural podrá interiorizarse como un hecho natural que no degrada a las modernas sociedades, sino que las enriquece sobremanera. No olvidemos que, en el pasado, nuestro país soportó diversos flujos migratorios —emigración política a Hispanoamérica de españoles republicanos tras la guerra civil, emigrantes españoles en Suiza, Alemania o Francia durante el franquismo...— y que nuestros compatriotas fueron aceptados por nuestros vecinos, por lo que los españoles deberíamos ser ahora más tolerantes con aquellos extranjeros que llegan a nuestras fronteras. En estos tiempos, pues, debemos rechazar rotundamente el racismo, el clasismo o cualquier otra forma de discriminación que atente contra esos principios universales de los que debe gozar cualquier democracia.

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